Cuando te sientas demasiado confusa deja de pensar, porque pensar en exceso te lleva a más confusión.
Párate un rato, abandona el tema y dedícate a otra cosa que no requiera más pensamiento. Al igual que cuando tu cuerpo está cansado le permites descansar, deja descansar tu mente.
¿Cómo? Muévete, haz ejercicios físicos, estira tu cuerpo, salta o sal a correr y luego retoma el tema otra vez.
Lo más difícil es dejar de pensar cuando te sientes arrastrada por una obsesión. Pero, hay que parar y volver a empezar. Más tarde, más fresca.
Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. ¿Por qué nos enfrentamos tantas veces al mismo problema (celos, exigencias, perfeccionismo, etc.) aun cuando lo vemos venir? ¿Forma parte de la naturaleza humana o es que no aprendemos? Y si es así, ¿por qué no aprendemos?
Todos los cambios son difíciles, requieren un esfuerzo, un pequeño dolor. Pero la elección está entre un pequeño dolor (el cambio) o un gran dolor (seguir presos de nuestros errores, bloqueos, sufrimiento, y repetirlos a perpetuidad). Cada vez que tengas un problema, cuando lo veas venir, míralo y pregúntate: ¿puedo controlarlo o no? Si está en tus manos, lo resuelves, y si no, lo aceptas. Una vez que aceptas la situación, ya no repetirás el problema a nivel mental; es decir: ya no lo vivirás más con ansiedad, miedo, rechazo, enfado, etc.#TUERESELEXITO SIGUE